—Si es el del taller de abajo, lo invito a pasar un café, el pobre siempre me mira con cara de necesitado —respondió una voz grave, masculina.
—¿Enamorado? Si ni siquiera le has dicho "buenos días". La viste recoger una caca de perro con una bolsa del súper y dijiste que era "humilde y ecológica". Eso no es amor, eso es hambre de afecto, hermano.
Lucas llevaba tres días mirando por la ventana de su cocina a la misma hora. Cada tarde, puntual como un reloj roto, la nueva vecina del 3°B salía a regar sus suculentas en el balcón. Su nombre era Valeria, y para Lucas, cada movimiento de ella era poesía en cámara lenta.
—Ay, mi amor, ¿quién será a esta hora? —dijo ella.
—¿Y bien? —preguntó Santi.
Lucas sintió que el suelo desaparecía. No era una vecina solitaria, sino una pareja. Y para colmo, el novio era fisicoculturista y usaba una camiseta de su banda favorita. La flor se marchitó en su mano antes de tocar el timbre.