En Tierras Salvajes Capitulo | 1
La única respuesta fue el sol quemando la tierra. Y allá al fondo, entre las rocas, una sombra que no proyectaba sombra.
El viento no soplaba en aquel paraje; gemía. Arrastraba arena fina y color ocre que se colaba por cada rendija de la tienda de campaña. Martín despertó con la sensación de tener los pulmones llenos de polvo y el alma vacía de esperanza. en tierras salvajes capitulo 1
—Eres un necio, Martín —se dijo en voz alta, solo para oír algo que no fuera el gemido del viento. La única respuesta fue el sol quemando la tierra
Martín se acercó con cautela. Al pie del tronco, medio enterrada en la arena, había una bota de cuero. Dentro, aún, los restos blancos de un pie. Arrastraba arena fina y color ocre que se
El viento cambió entonces. Dejó de gemir. Y en el silencio que siguió, Martín escuchó algo que heló su sangre: no un rugido, no un aullido, sino un susurro. Alguien, muy cerca, dijo su nombre.
Se incorporó con esfuerzo. Afuera, el sol no calentaba: castigaba. A lo lejos, las formaciones rocosas semejaban bestias petrificadas a medio rugir. Todo era seco, hostil, infinito.
Llevaba nueve días perdido en la meseta desértica que los antiguos mapas llamaban “la garganta del diablo”. Su brújula había enloquecido la tercera noche, quizá por los depósitos de hierro en la tierra, quizá por algo peor. El agua se le acabó hace cuarenta y ocho horas. La comida, un puñado de frutos secos que masticaba con lentitud de condenado, le duraría otro día más.